Conducción y visión. Consejos de seguridad
¿Cómo influye la visión en la conducción?
La conducción es una actividad neuromotora que está guiada por la visión. Esto significa que todo aquello que pueda afectar a la percepción visual tendrá una gran repercusión en la conducción, porque lo que la vista perciba a o deje de percibir implicará a la capacidad reactiva, es decir, la reacción motora. Y, en una situación en la que la rapidez de reacción es crucial, esta reacción motora redundará en adoptar medidas de seguridad en positivo o en negativo.
Sin embargo, también es importante señalar que la visión no afecta sólo a lo que vemos, sino al cómo lo vemos; porque, en definitiva es tanto o más importante la calidad de la visión que su cantidad. Esto se entiende bien con el ejemplo de la conducción nocturna: podemos tener una visión que se cifre en el 90-100% de agudeza visual, pero si estamos iniciando unas cataratas o tenemos una edad superior a 55 años, nuestra capacidad de tolerar el deslumbramiento y la percepción con baja luminosidad determina que nuestra visión esté muy por debajo de la de un individuo más joven y sin patología ocular. Este último, con el mismo grado de agudeza, responderá mejor al cansancio y su capacidad perceptiva y reactiva será muy superior a la del primer conductor, el cual debería evitar conducir por la noche o extremar las condiciones de seguridad, especialmente reduciendo la velocidad de su vehículo.
Es importante que los conductores sepan sus limitaciones, porque ellas suponen condiciones personales de cada uno.
La forma más adecuada para conocer la situación personal propia es consultando a profesionales oftalmólogos y optometristas, los cuales, a través de un examen de los ojos y de su capacidad visual, le aconsejan sobre las medidas necesarias para que su visión obtenga el máximo grado de aprovechamiento, y le indicarán sus propias limitaciones (ya sean alteraciones patológicas o cambios propios debidos a su edad y cualquier incidencia que limite su capacidad visual), reduciendo éstas en lo posible con medidas adecuadas que mejoren su calidad visual con la corrección óptica apropiada.
Los filtros antirreflejos o de protección solar son una herramienta útil en la conducción, tanto durante el día, como en particular por la noche.
De forma resumida, conviene saber que después de los 55 años de edad y especialmente al superar los 75, se produce un descenso importante de la capacidad visual. Las enfermedades oculares que producen alteraciones visuales con mayor frecuencia son: síndrome de ojo seco (déficit de lágrimas), cataratas en estado evolutivo, trastornos retinianos como los que aparecen en los problemas maculares o en la diabetes, hipertensión o miopía magna, y tras sufrir una intervención quirúrgica, especialmente las de tipo refractivo, tras eliminar la miopía o la hipermetropía.
Uno de los aspectos que más se ha estudiado en el binomio visión y conducción, es la influencia del grado de atención. Cuando un conductor tiene un alto grado de atención mientras conduce, la capacidad visual y el tiempo de reacción neuromotor es mucho más elevado que en la situación contraria. De nada sirve mantener una velocidad del vehículo reducida si el grado de atención es bajo, ya que la visión y la respuesta motora se deterioran mucho sobrepasando fácilmente los límites de seguridad. En el momento actual, todos los profesionales relacionados con el mundo de la conducción están buscando fórmulas que mejoren el nivel de atención de los conductores. Es evidente que el ejemplo más representativo es el cansancio físico, que se manifiesta con el sueño. Y ya conocemos los resultados fatales de dormirse conduciendo, circunstancia en la que todas las capacidades relacionadas con la conducción se reducen o anulan de forma drástica y con resultado fatal.
Desde el punto de vista práctico, existen diversos factores que influyen sobre el grado de atención de los conductores. Los más importantes son: la fatiga, la temperatura elevada en el interior del vehículo, conducir tras una comida copiosa (lo cual entumece y da sueño por la propia digestión), la monotonía inducida por una música repetitiva o la conducción por una carretera poco transitada o una autopista. Tampoco es aconsejable mantener una conversación con varias personas mientras se está conduciendo o distraerse por estar pendiente de la radio o del teléfono móvil.
Existen diversos estudios que demuestran cómo tras 2 horas de conducción, en condiciones de ausencia de fatiga previa y con una visión correcta, se produce un descenso de la capacidad neuromotora que entra en los límites de inseguridad. Esto significa que, en cualquier viaje, deberíamos parar y descansar unos minutos cada dos horas.
La situación empeora si las condiciones son más extremas, como tras una jornada laboral o por la noche, o cuando la visión no es buena porque las gafas están en malas condiciones. En estos casos, deberíamos extremar las condiciones de seguridad, ya que, además de un retraso en las capacidades reactivas, se produce un descenso importante en las capacidades neuroperceptivas, como el cálculo de la distancia y del tiempo necesario para realizar un adelantamiento.
Conclusiones:
Una conducción segura se relaciona con una calidad visual buena. La visión no es la cantidad o agudeza visual que podemos tener en una situación de reposo y en un ambiente pasivo como la consulta de un oftalmólogo. La visión se ve afectada por la edad, por el estado de nuestros ojos (presencia de enfermedades) y todo ello se ve incrementado por el grado de atención que podamos mantener durante la conducción. Estos factores nos llevan a concluir que el hecho de conducir un vehículo, dentro de unos márgenes de seguridad, supone que hemos de ser conscientes de las limitaciones propias de la fisiología de nuestra percepción visual y saber que, en muchos casos, las podremos mejorar si tomamos una serie de medidas como las que se indican a continuación.
Consejos prácticos para una conducción segura
Seguramente, hemos visto algunas veces personas con los ojos saltones, pero tan exageradamente que ya no se trata de algo fisionómico, sino que nos ha dado la sensación de que iban a salírsele de sus órbitas. Luego, realmente, existe una situación que puede ser fisiológica; es decir, que forma parte de la fisonomía de aquella persona. Pero, en determinadas ocasiones, suele ser sintomático de un proceso patológico, básicamente de un fallo tiroideo. Es lo que se conoce como exoftalmos tiroideo. En realidad, ésta puede ser la primera manifestación externa de la enfermedad, antes de que aparezcan otros aspectos propios de la disfunción metabólica.
En estos casos, la protusión ocular suele afectar a ambos ojos, aunque no siempre sea igual en ambos. Cuando la protusión afecta a uno de los ojos, puede tratarse de un tumor orbitario localizado detrás del ojo, el cual empuja al ojo, en su crecimiento, y lo desplaza hacia delante. Entonces, suele producirse un cierto grado de visión doble, por afectación directa de los músculos o por la compresión posterior. Es evidente que será necesario acudir al oftalmólogo para que estudie el proceso y oriente el diagnóstico con ayuda de otros especialistas.
Medidas para mejorar la visión
- Comprobar cada año que la corrección óptica que necesita es la correcta, tanto en lo que se refiere a la graduación como al estado de sus gafas o lentillas.
- Utilizar filtros solares apropiados si es sensible a la luz.
- Utilizar filtros antirreflectantes si realiza frecuentemente conducción nocturna.
- Consultar sobre filtros específicos si padece enfermedades oculares que disminuyen la sensibilidad al contraste (cataratas, maculopatías, degeneraciones retinianas).
Recuerde que además de conocer su visión y utilizar las medidas ópticas que disponemos actualmente, la mejor forma de mejorar nuestro campo de visión es REDUCIR la velocidad de conducción.






